El proyecto se compone de 5 bloques lineales de viviendas establecidos en tres parcelas; uno de ellos es independiente y los otros cuatro se agrupan de dos en dos, compartiendo los dos aparcamientos bajo rasante del proyecto. El planteamiento del Estudio de Detalle, basado en bloques lineales en toda su altura, resultaba excesivamente rígido y opaco, generando tan solo recorridos longitudinales que no favorecían la integración de los espacios libres. Para favorecer esta integración era necesario evitar la barrera que constituyen los edificios, pero no solo visualmente, sino también eliminar la barrera física.

Por esta razón, se han liberado espacios en planta baja, tanto en los extremos de la edificación como en su interior, y se han diseñado circulaciones e itinerarios peatonales a través de estos espacios, de forma que las plantas bajas de los edificios se conviertan en elementos permeables que amplíen las zonas peatonales y generen espacios de reunión cubiertos, contribuyendo de esta forma a mejorar el entorno urbano y a regenerar la calidad arquitectónica del barrio.
La idea de hacer espacios permeables y abiertos también se ha trasladado a las viviendas.

Aprovechando la orientación de los bloques con fachadas a noroeste y sureste, se han diseñado las fachadas con orientación sureste totalmente abiertas, con terrazas corridas en toda su longitud interrumpidas exclusivamente por los núcleos de escaleras, y las estancias que se abren a ellas (salones y cocinas en todos los casos) totalmente acristaladas.
Además se ha intentado dar una imagen muy limpia de los edificios, sin ningún tipo de vuelo, de forma que la lectura que realice el peatón sea de volúmenes nítidos y sobre todo que perciba los cinco bloques como un conjunto, no como la suma de edificaciones aisladas.